martes, 11 de diciembre de 2007

Lluvia

El hecho de que llueva tiene tres pegas: que no ves una mierda mientras vas conduciendo porque se empaña la luna, que se encrespa el pelo rizado, y que, por mucho cuidado que lleves, tienes muchas papeletas para resbalar y matarte bajando La Atalaya, Los Acebedos o la cuesta del garaje. Ah y en verano que como la hierba se moja, no puedes atroparla y te tienes que ir para casa, pero sinceramente, a mi eso no me suponía ninguna pega.

Cosas que molan de la lluvia:

El olor a ozono cuando empieza a llover. ¿Quién no se ha asomado alguna vez a la ventana y lo ha olido? Si fuera posible sacar un ambientador que oliera a ozono se forrarían.

El ruido de la lluvia al chocar contra cualquier superficie, sobre todo contra el cristal de la ventana, contra el techo del coche, o contra una tienda de campaña. Un ejemplo de momento que repetiría todos los días: 11 de la noche, ahí fuera llueve a cántaros, truenos incluidos, yo en mi cuarto sentado en la cama, tapado hasta arriba con el nórdico mientras veo una peli y sujeto con las palmas de las manos un vaso de colacao súper caliente, tanto que tengo que beberlo a sorbos. La ventana, justo al lado de la cama, está entreabierta, persiana medio bajada para que no entre agua... ah y ese airecillo frío que entra cuando llueve y te da en la cara. Seguro que más de uno me capta.

Llegar empapado a casa por la noche, irte directo a la ducha muerto de frío y quedarte una eternidad debajo del chorro de agua caliente (que si, que ya se que falta agua y es un desperdicio, pero es superior a mi). Cena y a dormir como un señor.

Lo que digo siempre: esos pequeños placeres diarios son los que hacen que valga la pena vivir, o no?